De pronto todo se volvió oscuro para mí. Sabía que estabas allí pero no te veía. Podía sentir tu respiración cerca mío, tu aliento fresco y dulce a la vez. Mis latidos se aceleraban al rozarte. No quería asustarte.
Mi mano fue en tu búsqueda y sin querer rozó tu blusa, pude sentir la firmeza de tu pezón a través de la seda, estaba erecto y emanaba una tibia vibración que inundó todos mis poros con un ardiente deseo de acercarte a mi cuerpo. Dudé un instante, pero pude percibir tus latidos acelerándose en el más absoluto silencio.
Llevé mi otra mano a tu cadera y te dejaste acercar hasta sentir mi rigidez en tu pubis. En la profunda oscuridad nos besamos silenciosa y suavemente. Sentí tu mano ingresando entre mi cuerpo y mi cinturón hasta llegar a asirme de mi miembro, totalmente erecto. Con la misma suavidad desabroche tu blusa y la dejé caer, me saqué mi camisa para sentir tus senos ardientes contra mi pecho. Seguías asida y con tu mano izquierda me sacaste el cinturón y abriste mi pantalón buscando tener más holgura en tus movimientos, de pronto sentí un calor insoportable, ya nos estaba faltando el aire.
De rodillas ante mi te lo llevaste a tu boca, te acariciaba el cabello mientras me regalabas todo ese placer y sentía el movimiento circular, ascendente y descendente de tu cabeza. Unos cuantos minutos, y entusiasmado con el fragor intenso de tu fellatio, te levante de los brazos y te di vuelta, tanteando en la oscuridad pude desprender tu falda y bajarte lentamente las bragas. Así, adivinando tu cuerpo con mis manos me introduje en ti y sentí como vibrabas de placer. Aunque mis ojos no podían verte, podía percibirte con mis otros sentidos.
La atmósfera existente en ese oscuro y pequeño ambiente inundado de placer y de sudor donde tu cuerpo y el mío se entregaban sin dudarlo, se vio iluminada por un relámpago de luz brillante y titilante.
Había vuelto la luz, el ascensor comenzó a funcionar, estábamos en el octavo piso. Sin dudarlo oprimí el treinta y dos para tener tiempo a terminar. Nos vestimos, sonreímos y al abrirse las puertas cada uno se dirigió a su oficina. Eran las nueve y quince, estábamos atrasados quince minutos que duró el corte de luz. Nos esperaba una nueva jornada de trabajo.
domingo, 11 de mayo de 2008
sábado, 10 de mayo de 2008
¿Dios, te cansaste de nosotros?
Cuantos seres de este mundo están hambrientos y tú sigues con lo tuyo, indiferente.
Cuantas bombas explotarán para justificar tu castigo.
Va creciendo en el horizonte la figura demarcada de cuatro jinetes. ¿Llega el fin?
Apocalipsis provocado por tu ira.
Te has equivocado ó fuimos nosotros.
El sol está tibio, casi pálido.
Volcanes en cadena, vomitan sus entrañas sobre los pueblos.
Enloquecen los mares y los ríos salen de sus cauces arrasando ciudades.
Locura de la vida y de la muerte.
El planeta gime de dolor y no sabes donde están tus hijos.
Se acabó tu obra y nuestro libre albedrío.
Vientos huracanados abaten sin piedad sobre las cosas transformándolas de a poco en horror y muerte.
Tú dirás que nos avisaste pero hubiera sido bueno tener otra oportunidad.
Volver a ser polvo de estrellas no es tan malo, tal vez nos juntemos alguna vez para empezar todo de nuevo en otra parte.
Cuantas bombas explotarán para justificar tu castigo.
Va creciendo en el horizonte la figura demarcada de cuatro jinetes. ¿Llega el fin?
Apocalipsis provocado por tu ira.
Te has equivocado ó fuimos nosotros.
El sol está tibio, casi pálido.
Volcanes en cadena, vomitan sus entrañas sobre los pueblos.
Enloquecen los mares y los ríos salen de sus cauces arrasando ciudades.
Locura de la vida y de la muerte.
El planeta gime de dolor y no sabes donde están tus hijos.
Se acabó tu obra y nuestro libre albedrío.
Vientos huracanados abaten sin piedad sobre las cosas transformándolas de a poco en horror y muerte.
Tú dirás que nos avisaste pero hubiera sido bueno tener otra oportunidad.
Volver a ser polvo de estrellas no es tan malo, tal vez nos juntemos alguna vez para empezar todo de nuevo en otra parte.
Nochebuena
Lejos de mis seres queridos, mi familia, mis amigos. Las calles estaban vacías y desde las ventanas de las casas y departamentos se escuchaba la algarabía de las reuniones familiares. Caminé casi cien cuadras esa noche hasta llegar a un gran parque lleno de árboles frondosos que oscurecían los senderos dibujando en esa oscuridad vaya a saber uno que formas siniestras.
Me acerqué hasta un banco y tome asiento. Mi cuerpo sintió una por una cada tablilla de ese frío banco, respire profundo y sentí latir mi corazón en mis oídos. Había encontrado un lugar lejos del bullicio y entonces recosté mi cuerpo hasta quedar de cara al cielo.
Aparecieron millones de estrellas que jamás había visto antes, enseguida elegí una estrella para mí, la ubiqué y le dediqué mi nostalgia, mi dolor y ella me abrazó luminosa y radiante.
Fue algo mágico, comencé a oír la más bella melodía que jamás había escuchado, me arrulló hasta quedar profundamente dormido. Por la mañana, un guardia me despertó y me dijo: “¿Que haces aquí, has dormido la borrachera de Nochebuena?”. “No”, le contesté. No tuve ganas de contarle de mi soledad en Nochebuena y me levanté sonriendo y le dije:”Feliz Navidad”.
Me acerqué hasta un banco y tome asiento. Mi cuerpo sintió una por una cada tablilla de ese frío banco, respire profundo y sentí latir mi corazón en mis oídos. Había encontrado un lugar lejos del bullicio y entonces recosté mi cuerpo hasta quedar de cara al cielo.
Aparecieron millones de estrellas que jamás había visto antes, enseguida elegí una estrella para mí, la ubiqué y le dediqué mi nostalgia, mi dolor y ella me abrazó luminosa y radiante.
Fue algo mágico, comencé a oír la más bella melodía que jamás había escuchado, me arrulló hasta quedar profundamente dormido. Por la mañana, un guardia me despertó y me dijo: “¿Que haces aquí, has dormido la borrachera de Nochebuena?”. “No”, le contesté. No tuve ganas de contarle de mi soledad en Nochebuena y me levanté sonriendo y le dije:”Feliz Navidad”.
Etiquetas:
dolor,
melancolía,
navidad,
nochebuena,
nostalgia,
soledad
Suscribirse a:
Entradas (Atom)